lunes, 16 de mayo de 2011

TORTUGAS NINJA Y LAGARTIJAS

No hay otra manera de la que se pueda contar la historia de hoy de Melinda que en este tono burlesco e irónico... 

Melinda los vio acercarse. Él con paso torpe y cara de cumpleañero en el momento tarta... su toque de alcohol en sangre era evidente. "El tortuga" no hacía más que revolotearle alrededor como una mariposa pero sin llegar atreverse a posarse en la flor, y allí venía apoyado en el brazo de Clara y se acercaban con pasos llenos de emoción. Y entonces Melinda comprendió... aquel entusiasmo era por lo que estaba a punto de ocurrir. Clara hizo la insinuación de que "el tortuga" no se atrevería y él, entonces, lo hizo: abrió las manos como un águila sus alas cuando va a echar a volar, lanzó las zarpas al rostro de Melinda y la capturó como una serpiente constrictor a su presa... y le dejó caer un beso en los labios como el que tira una piedra al río, dejando en los labios y sus alrededores las huellas de un caracol. Melinda quedó petrificada y le apartó, y él sólo balbuceó a Clara estas palabras: "¿lo ves? me rechaza". Y acabó con una afirmación dirigida a Melinda, producto del alcohol: "Pero que sepas que yo te quiero". Se decidió que al día siguiente aquello se hablaría definitivamente. Si, al día siguiente, cuando "el tortuga" no estuviera poseído por el alma de Johnie Walker...

Y el día siguiente llegó, y "el tortuga" y Melinda se enfrentaron cara a cara en un duelo amistoso donde Melinda, en pocas palabras, le dijo que tenía muy claro lo que quería, y lo que quería no era alguien como él, y el pidió que le pusiera a prueba porque podía cambiar. Bueno, digamos que adelante, aunque la fe que se la queden los creyentes. Melinda era totalmente excéptica con respecto a la mutación del "tortuga" en tortuga ninja... los que evolucionan son los pokemon...

Y, casualidades de la vida, el destino los puso frente a frente en una ocasión clave: "el tortuga" creyéndose Richard Gere en Pretty Woman aunque con los papeles cambiados (ahora la p...es él), pululando cual abeja en un panal con la abeja reina rubia en el papel Julia Roberts, ahora diversificando los esfuerzos entre Julia Rubiales y Melinda, e intentando introducir al círculo a las otras conocidas que iban llegando, tal parecía que pretendía crear un harén en esa noche y regarlo con ron para que crecieran florecillas blancas. Melinda se sonrió hacia sus adentros: qué pronto. Y ya tenía decidido lo que iba a hacer cuando se marchara: le escribiría un mensaje en su teléfono móvil. Él le pidió por favor, como "enamoradísimo preocupado", que le avisara cuando llegara a casa, y Melinda lo hizo:

"Sobre lo que hablamos ayer, no se si tenías pensamiento de proponerte nada pero es que hoy ya he visto lo que tenia que ver, así que mi respuesta es no, no te tomes el esfuerzo de intentar hacerme creer que puedes cambiar, tú pásalo bien y sigue haciendo el capullo que te sale muy bien. Por cierto, ya estoy en casa. Un beso."  Y Melinda durmió a pierna suelta.

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